miércoles, 27 de abril de 2011

HIJOS SUYOS


Que feo que se ve a Barracas jugando por televisión. Es como que el orgullo de pertenecer, de figurar, se mezcla con cierta vergüencita que uno tiene luego de haber pregonado a todas nuestras amistades durante una larga semana que miren por favor a mi querido equipo por la tele. Y mi querido equipo sigue sin aparecer y TyC sigue sin vernos ganar. Me da la sensación de que el andamiaje del camionero se desmoronó con la salida forzosa de Bojanich. A partir de allí, Barracas nunca fue el mismo, porque a la limitación ofensiva que nos condenó a la friolera de 19 partidos empatados, se sumó la inestabilidad defensiva y la autosuficiencia de un arquero que a veces cancherea y otras te salva.
Lo de la noche del martes frente a Almagro no ha sido otra cosa que un nuevo acto de la debacle de un equipo que construyó durante 33 fechas un campañón y que en la segunda parte de esta rueda ve como fluye de sus manos lentamente las chances de solidificar posiciones. Se sabía que la segunda parte iba a ser difícil y realmente lo fue. No les estamos ganando a los que se encuentran debajo de nosotros. Se nos acercan todos en la tabla y algunos nos han pasado. Hemos perdido puntos con los que pelean por no descender o por llegar al reducido y además jugamos mal, no se nos cae una idea y encima persistimos en el error, consolidando formaciones y hombres que no rinden en la cancha.
Nos cuesta atacar y nos cuesta defender. Le pifiamos a la pelota y nos estorbamos (codazo de Orfila a Pablo en una superposición de marca). No damos dos pases seguidos, perdemos la pelota infantilmente y cedemos terreno. El rival nos ataca por errores nuestros de marca y de precisión y no por virtudes propias. Enfrentamos a un mediocre equipo como Almagro (portando una defensa generosa y regalona) y nuestra impotencia e impericia a la hora de definir las pocas que tuvimos a nuestro favor, junto con lo poco que nos propuso el local en la segunda parte, nos llevo a servirle en bandeja la victoria (segunda derrota en el torneo frente al mismo rival y por la misma diferencia).
No me gusta perder, no estamos acostumbrados, en un año y medio caímos en siete oportunidades (dos derrotas seguidas). Llegamos a recibir dos goles en diez partidos y en una semanas nos marcaron cuatro, tres de ellos por la franja que custodian Lambermont y Fernandez.
Sin Fariña en el medio y con un Almada Flores que tuvo una noche para olvidar (no se mete en el área y siempre termina jugando hacia atrás, individualista y sin la pegada que lo caracteriza; no pegó un centro como la gente). El medio hizo agua en gran parte del partido, nos faltan carrileros como Ciavarelli que estaba lesionado aunque el técnico no lo tenía en cuenta. La primera mitad nos muestra a Barracas atacando, copando el campo rival y lateralizando; una ilusión óptica que dibuja tenencia sin agresividad y un protagonismo con un par de chances desperdiciadas para consolarnos y al mismo tiempo amargarnos la noche. En el banco 18 goles en los pies de Grecco, González y Avalo.
Orfila lo mejorcito del camionero. Barracas jugó mientras jugó el paraguayo. Maraschi desaparecido en acción y Matos que viene de una lesión jugo a lo que juega Matos, pivotear, bajar pelotas y cabecear algunas pocas. Barracas jugó a lo Barracas, pelotazo, pelotazo y más pelotazos. Arrestos individuales y desconcierto. Ni González, ni Grecco, (que jugó 8 minutos), pudieron inquietar, porque nos falta una media punta que los aglutine (Avalo en el banco y pudiendo entrar con el equipo perdiendo, pero Kopriva no aprovechó el último cambio disponible). Carecemos de cambio de ritmo, rotación, remate certero y precisión. Todo era anárquico frente a un Almagro, ya consolidado como nuestro padre futbolístico, que sin proponérselo, nos pegó una en el travesaño y molestó en algunas ocasiones a Elias. Del árbitro nada, lo de siempre, dejando pegar y castigando a los nuestros con amarillas y rezongos, aunque no tuvo nada que ver con el resultado final.
Que nos espera de ahora en más; terminar el año con algunos puntitos extras que engrosen el promedio, aunque por lo visto en los últimos partidos, no es promisorio el futuro barraqueño, teniendo en cuenta los rivales que nos tocan de aquí al final de torneo y a como estamos jugando. Pelear por un reducido en la zona baja donde tenemos que salir a ganar de visitante en un solo encuentro con la performance que cosechamos en esa condición durante la temporada me parece una utopía. Peleemos por los 60 puntos y de ahora en más intentemos construir un desafío que nos llevará a encarar la segunda temporada de Barracas en la B. Arreglar con el técnico y pensar más allá de la Copa América, armando un nuevo ejército para pelar contra padres e hijos, contra los nuevos y los viejos adversarios, en este derrotero que encaramos hace un año, allá por el 18 de abril de 2010.

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