miércoles, 16 de marzo de 2011

TODOS SOMOS CRISTIAN U


La mayoría de los argentinos tenemos un espejo, una imagen, una suerte de alter ego habitando en un programa de televisión. Se llama Cristian Urrizaga y se lo conoce como Cristian U, en esta suerte de conventillo glamoroso, libreteado y manipulado como es la CASA DE GRAN HERMANO. Independientemente del tenor del programa, del juicio de valor a su productora, a sus participantes, conductores, panelistas y televidentes sobre si es un entretenimiento, una pavada que no merece verse, una emisión para infradotados mentales en un país que necesita que nos preocupemos de cosas importantes o una muestra de lo que la sociedad nos depara fuera de la popular casa, existe un punto importante para analizar y es el referido a como nos conducimos los argentinos y quienes son nuestros espejos al que tomamos como ídolos de cabotaje.
Para los que se desayunan ahora, les cuento que la productora Endemol, con su producto La Casa de Gran Hermano, nos presenta de tanto en tanto a un puñado de divinos concursantes (20), que encerrados 4 meses en una casa, juegan a un juego de convivencia o supervivencia, como más le parezca. En ella afloran todas las formas de la miseria humana para lograr el premio máximo otorgado por el voto popular a través de sospechados mensajes telefónicos. Cada semana un hermanito se va de la casa por la nominación de los participantes en primer lugar, quienes eligen a dos tipos o minas que quedan en una placa, para ser evaluados por los televidentes, que llamado de celular mediante (cinco pesos el llamado para votar) le ponen fin a su aventura mediática, aunque muchos la siguen por un tiempo afuera, logrando muy pocos de ellos una pequeña fama que se desplaza en el tiempo, en base a laburos de poca monta.
Ya ha habido como siete ediciones de este programa, pero en esta última se destaca un participante que es la versión más bizarra del joven argentino. Treinta añero, jugador empedernido, violento, con causa judicial pendiente por agresión en confuso episodio, depresivo, obsesivo, mentiroso y manipulador, es el as en la manga que tiene la productora para lograr pingues ganancias en esta temporada. Su maquiavélica manera de jugar le valió el mote de ¨Gran Jugador¨, aunque en uno de sus ataques depresivos, la casa le ganó y terminó abandonando. Lo que sorprendente es el grado de apoyo generado en el afuera, logrando una masiva adhesión por su juego y su maliciosa personalidad. La producción luego del retiro de este tal Cristian U y al ver la andanadas de mails y pedidos a través de llamados telefónicos y en mensajes por las redes sociales, se vio obligado a manipular sus ¨muy flexible reglamento¨ para colocarlo de nuevo en el juego junto a un par de cuatro de copas más. El manejo de su obediente masa seguidora, llega al punto de hacer expulsar a los integrantes que se le antoje por medio de un pedido vía Twitter.
Porqué un sujeto execrable como éste tiene el apoyo del público, porqué es considerado un estratega del juego, cuando sabemos que su accionar excede el ámbito de la casa. Porque queremos al malo y al tramposo por sobre el bueno y el correcto. Porque nos seduce la maldad y la agresión como valor de personalidad, porque ponemos al juego como excusa, si se puede jugar con buenas armas.
Todos somos Cristian U en la Argentina, todos hacemos lo mismo que él, violamos semáforos en rojo, metemos una bola de billar en la buchaca sin que el otro se entere, somos rebeldes ante las normas, mentirosos, manipuladores y violentos ante lo que no nos gusta escuchar. En definitiva todos en alguna medida, se vea o no Gran Hermano, tenemos como ídolo al villano de las películas.

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