martes, 29 de marzo de 2011

SIEMPRE NOS ABROCHAN AL FINAL


Existen empates dulces y empates heroicos, empates aburridos y empates injustos. En el mundo del fútbol, aparecen de vez en cuando igualdades mezquinas, absurdas o tristes. Algunas son dramáticas, en tiempo de descuento o por errores arbitrales. Sin embargo en el mundo Barracas disponemos de empates para todos los gustos. Poco menos de una rueda de igualdades nos dibuja una tabla con tan solo cuatro derrotas (el equipo que menos perdió). Una dulce imagen que esconde una abismal diferencia con Atlanta, el puntero, que dicho sea de paso perdió más que nosotros. A veces empatamos y otras nos igualan y más de una vez sobre la hora, en tiempo de descuento, lo que provoca que un punto que sirve para sumar hacia esas interminables cincuenta unidades, sea solo una miseria cargada de bronca e impotencia ante el hecho consumado. Yo me pregunto si sirve empatar tanto ….?. Tres empates equivalen a dos derrotas y un triunfo, es solo una cuestión matemática.
Pues bien, hoy Tristán Suárez nos empató sobre la hora. Injusto…?, tal vez…
Subestimamos a un rival que se comió nueve goles en dos partidos sin darnos cuenta que en esos dos encuentros metió cinco tantos. Nuestro rival resultó ser equipo partido en dos, con una defensa permeable y un aquero seguro, en contraposición con una ataque equilibrado, de toque, dinámico, peligroso, inquietante y amenazante, que nos complicó la vida en la segunda etapa.
Barracas, sin Peralta ni Bojanich en el fondo, con el paraguayo y Grecco de entrada, ensayó una zaga central de compromiso parecida a la que jugaron buena parte de la primera C en la temporada pasada. Y cometimos errores típicos de la primera C. Nos complicaron los centros y los desbordes; el toqueteo en mitad de cancha tuvo a mal traer a un medio que ser reforzó con Torres y Rubira promediando el segundo tiempo, sin ser esto suficiente para resolver el problema de contención.
Luego del tanto de Matos, Barracas se replegó, perdió la marca en el medio y el adelantamiento de la visita descubrió errores en media cancha y fisuras en el fondo, que no eran muy habituales verlas en partidos anteriores. Éramos vulnerables.
En el complemento nos perdemos varios goles, uno de ellos sobre la línea. El dominio de terreno y pelota solo era una ilusión óptica, sabíamos que un uno a cero era escasa ventaja. Nos cuesta meter goles, no rematamos seguido al arco y cuando lo hacemos no provocamos riesgos. Los ataque son eran arrestos individuales, por ejemplo de González o Maraschi (quien se ha transformado en una jugador de jugadas y no de partidos), pelotazos para que Matos la baje o centros a la cabeza de nadie o no capitalizados en jugadas de peligro.
Al final, lo de siempre, nos terminan abrochando pasado el tercer minuto de descuento, la repetición de una historia de frustración de la que ya nos familiarizamos y que siempre nos plasma como ganadores morales de un pleito con resultado injusto.
Vale formularse la pregunta de si tenemos todo lo que creemos que tenemos, si nuestros delanteros son tan temibles y desequilibrante como pensamos que son; si nuestro medio y nuestra defensa realmente conforman un muro impenetrable como lo marcan los rendimientos invisibles de pocos goles en contra, interminables empates y escasas derrotas.
Falta poco para el objetivo. Luego se verá para que estamos; no vaya a ser que la mediocridad de una categoría nos catapulte a una ubicación ficticia, la que nos muestra como sorpresa y hacedores de una muy buena campaña y que de a poco se ha de diluir, justo ahora que llegamos al último tramo de este campeonato, de un campeonato que seguro nos verá salvados del descenso, pero de un campeonato del que de tanto en tanto nos terminan abrochando al final de una partida injusta. No vaya a ser cosa que en la recta final nos quedemos sin gasolina.

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