miércoles, 9 de junio de 2010

DE ESO NO SE HABLA


Homosexual, lesbiana, gay, travesti, son palabras que no se encuentran en el diccionario pacato y arcaico de muchos argentinos. Pero más que palabras, las mencionadas forman parte de una naturaleza, de un estilo de vida, de una elección; una condición sin religión y sin Dios. La soledad marca su derrotero en una sociedad inmadura que busca ejemplos donde no los hay.
La ley de Matrimonio Gay tratada en el ámbito parlamentario ha dividido a un espectro de argentinos, muchos de los cuales no logran ver mas allá de sus ombligos, juzgando con irracionalidad conductas privadas, sin tener la suficiente información y formación humana para esgrimirlas.
Las sociedades somos víctimas de los postulados de las religiones y esos cultos están hipnotizados y cautivos por el pecado. No existe religión sin prohibición y esa proscripción forma la esencia de su existir.
La palabra amor tiene una hermana gemela de la que nunca se habla; es un término poco romántico que ni siquiera figura en los poemas, esa palabra es ¨servicio¨. Amar es servir y muchos de los llamados devotos y feligreses se sirven del amor. Atados a preconceptos y formatos clericales, se niegan a lo establecido por el solo hecho de no contradecir a lo señalado, so pena del tormento divino.
Los hombres somos hijos de Dios y debe haber una sola cosa que nos una y es el amor. El concepto de amor-matrimonio-familia- hijos está tan fuertemente ligado a una dimensión rígida, que niega al hombre, a su libertad de elección y a sus derechos, bajo argumento psicológicos, científicos y éticos.
Descalificar y segregar es el deporte preferido de los argentinos y los sectores conservadores, temerosos de la penitencia celestial asientan murallas morales, sin un correlato honorable. De eso no se habla, no se trata y se esconde; molesta avergüenza e irrita. Pero existe un cielo y un infierno, una espacio de justicia celeste que va más allá de la miseria de los hombres. Un área en la que no entran jueces, diputados, senadores y la opinión de la plebe no interesa.
Los nenes con los nenes y las nenas con las nenas ha de ser mucho más que parte de la letra de una mala canción; algún día nos pondremos los pantalones largos y aceptaremos a la gente como es, sin miedo a derribar el castillo de naipes.

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