lunes, 14 de junio de 2010

LA HINCHADA DE LA SELECCIÓN


Los argentinos somos hinchas de la selección o únicamente queremos que gane la Argentina como país futbolero. El público que va a la cancha a ver a la albiceleste no es el aficionado tribunero que sigue a su equipo los fines de semana. Ver al combinado es como ir a un espectáculo artístico, un cine o un teatro; la ausencia de riesgo anima a muchos a llevar a su familia embanderada al estadio. Son ellos los que abonan las suculentas entradas habitando la platea, generalmente en River Plate. La tribuna queda para las eternas barras y aquellos amantes de uno u otro crack, ya sea de su equipo o de los talentos que moran en el mundo.
El hincha argentino disfruta más por los logros de su club que los de la propia selección nacional. A pesar de la manija de los medios y de sus auspiciantes rescatando el espíritu patriótico de esta compulsa, el mundial es una excusa para ver fútbol, pelarnos con nuestra mujer, cambiar el viejo televisor por un plasma, endeudarnos hasta la manija y probar nuestro nacionalismo.
Si a un simpatizante de cualquier equipo le das a elegir el campeonato, el ascenso o la copa del mundo, usted que cree que elegirá. Muchos no se bancan a Maradona como técnico y para otros no hay nada que le venga bien, siempre piden a fulano o mengano que está en el banco o no fue convocado. Somos todos técnicos.
Nuestra generación vio a la Argentina salir campeona del mundo dos veces y obtener un subcampeonato, ya no existe asignatura pendiente. Si queremos que gane la selección es por que queremos que gane Argentina como país. Vencimos a Nigeria y pocos salieron a la calle a festejar. Solo las reuniones con picada o asado de por medio fueron el ámbito para una excusa perfecta ( Buen Provecho…!!).
Observemos quienes ocupan las tribunas en Sudáfrica y notaremos que mayoritariamente la conforman la clase acomodada, los de siempre, algún famoso que ni a palos va un domingo a la cancha, los que ganaron un concurso, los barras de todos los mundiales y muy pocos que juntan las monedar para ir.
Dios quiera que ganemos el mundial, pero estoy seguro que no nos cortaremos las venas por un fracaso del equipo de todos, que representa a casi todos y que es alentado fielmente por unos pocos.

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