miércoles, 2 de junio de 2010

LA SEGURA INSEGURIDAD


Uno de los flancos débiles de la Argentina es el tema de la inseguridad. Quizás sea el costado frágil de las gestiones de los gobiernos en los últimos treinta años. Este argumento se puede tratar desde su concepción o desde su enfoque. Esto es sencillo, o tratamos el fondo o prevenimos el daño; un problema vital en el contexto de un continente americano que hizo del drama su forma de vida.
Si tenemos que tocar el punto de gestación y atacarlo ha de ser demasiado complejo. La exclusión social, la falta de educación, de trabajo para el padre de familia, la carestía, los malos ejemplo, los tiempo ociosos, la droga y el alcohol, la violencia familiar, el uso del material humano para el trabajo sucio por parte de dirigentes, empresarios, directivos deportivos y caudillos políticos; la ausencia y lentitud de justicia ya sea social, penal o civil, la que se le antoje, son algunos factores que fomentan la falta de seguridad. El tema de la vacilación social, la incertidumbre y la violencia urbana se ha transformado de un tiempo a esta parte en un problema sin solución.
Aquí hay una verdad que me aterra y me torna pesimista, pues ahora la inseguridad dejó de ser un fenómeno social, una enfermedad, para pasar a ser un negocio, sí, un industria delictiva, ilícita, que involucra a muchos actores, histriones con el rango de culpables, responsables, cómplices, perejiles, víctimas e incapaces.
Un circo plagados de ladrones y asesinos de todas las calañas; los menores, los profesionales, los que se cortan solos, los motochorros, narcos, violadores, pungas, mujeres y hombres, usurpadores, los lanzas, los especialistas en vehículos, bancos o supermercados, los ocasionales, los delincuentes de esquina, los barras bravas, los timadores de atropello, de pariente o amigo lejano, los caranchos, los secuestradores Express, los que te pinchan los neumáticos o te rompen un cristal de auto y aquellos que te sorprenden en un cajero automático, entre tantos y tantos otros.
Pero el estado delictivo tiene otros habitantes menos peligrosos, pero no por eso menos responsables; jueces, custodios, policías, fiscales, el periodismo temático, que con sus noticias victimizan varias veces por día a una misma persona, los fabricantes de alarma y de armas, empresas de seguridad privada, el boca a boca de la gente que potencia el temor y la lista sigue. La segura inseguridad seguira reinando sobre nosotros y nadie mueve un dedo para evitarlo.
La Argentina posee un país dentro de otro país y me imagino que esto sucede en cualquier ámbito de América Latina. Mi país cobija un estado dentro de otro estado, pero esta patria está gobernada lamentablemente por la impunidad y el miedo.

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