jueves, 27 de mayo de 2010

QUE MAL SE TV



Les confieso que en los últimos años he tenido que cambiar infinidad de veces el control remoto de mi televisor. Ya sea porqué mis hijos lo hicieron torta contra el piso, porque para pichulear había comprado uno berreta y dejó de funcionar, porqué algunos se me perdieron en el bolonqui de mi casa y porqué la gran mayoría de esos aparatitos se quemaron bajo mis dedos ansiosos y desesperados, en la búsqueda implacable de la calidad de programación de una grilla televisiva tan numerosa como ordinaria. He destruido cuanto dispositivos electrónicos pasaron por mis manos, por el sólo hecho de hacer zapping buscando algo en la tele que no quemara mis ojos.
Amo a la televisión, pero en los últimos treinta años me ha costado asimilar el bajón cultural, la escasa creatividad, lo chabacano, burdo, reiterado, previsible, indecoroso y obsceno de su oferta. Si hasta a veces prefiero engancharme con algún video, la play o la computadora, de lo crispado que me encuentro frente a una propuesta pobre y aburrida, o para evitar observar en todos los canales el deformado rostro de Ricardo Fort.
Muchos avisos publicitarios son verdaderas boludeces engendradas por una pléyade de pendejos que coparon el mundo de la publicidad, con su creatividad bucólica y desabrida; pobladores de Palermo Hollywood, catadores de sushi, revolucionarios de los medios, científicos de la nueva industria audiovisual.
Los canales de cable solo me aportan intrascendencia, publicidad, películas repetidas, documentales pedorros e ideología barata y foránea. Quienes vimos TV en los 70, sabemos lo que queremos, tenemos un paladar negro que nos impide disfrutar el presente, salvo contadas excepciones.
La televisión actual está manejada por una decena de tipos jóvenes que se creyeron que la re fundaron y solo reemplazaron a otra generación de talentos y visionarios que desaparecieron o se perdieron en el camino. Una nueva generación de zares que copian formatos, manejan una producción de mano de obra barata, que pijotean el último centavo; un grupo de muchachos soberbios, orgullosos, altivos, endiosados e intocables.
Ya desde inicios de los 80 con los fotocopiados programas de Sofovich, la ingenua y sobreactuada incursión de los Mesa, la tele del proceso, la repetitiva genialidad de Olmedo, pasando por la cándida Susana, la ególatra Mirta, los noticieros tendenciosos y un innumerable desfile de programas de entretenimiento tediosos, donde observábamos como se divertían los demás, hasta llegar al Fútbol capturado y las apologías de la prostitución hecho programas de chismes o esparcimiento. La tele solo ha sido un aparato sin vida en el living de mi casa. Solo pan y circo…..pero mucho circo.
Se me muere la televisión y aunque la golpeo y la golpeo, sus imágenes carecen de nitidez. Pero en mi TV ya no se ve nada de nada. Y en la suya…?

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