lunes, 31 de mayo de 2010

DUEÑOS DE LAS PALABRAS


Desde que tengo uso de razón vengo observando con asombro como en la vida social y política argentina, distintos sectores se adueñan de diferentes palabras o frases. Las hacen propias, como si las hubieran fabricado a medida; se aferran a ellas dándoles entidad y contenido.
Para dar algunos ejemplos, puedo señalar a los partidos políticos y facciones de izquierda, con su consabida apreciación y apropiación del concepto de los DERECHOS HUMANOS. El peronismo dio cuenta históricamente del significado de la JUSTICIA SOCIAL; es casi imposible imaginar al radicalismo hacerse cargo de estas palabras. Los militares y la derecha argentina se hicieron dueños de la palabra PATRIA; todo era por la Patria y recuerdo cuando la Patria nos convocaba para vencer a los apátridas.
Todos son dueños de una frase, o una palabra; toda empresa o institución posee un slogan que lo califica y le marca un rumbo y un objetivo.
Yo como ciudadano de la Argentina, también tengo una palabra que me identifica, que es mía, propia y no la delego por nada del mundo. La he construido con los años, con mis manos, con mi esfuerzo y mi desdicha; es un sello indeleble que me marca a fuego y me proyecta a la vida. Esta palabra es MISERIA.
La fui conociendo de pibe, en las privaciones, incomodidades y carencias de mi infancia. La leía y la dibujaba en la pared de mi casa, tan solo de ver a mi viejo laburando veinte horas al día en el antiguo conventillo de Parque Patricios. Se fue haciendo mayúscula con los años, con las trabas, con cada no obtenido. Se me tatuó en la piel en cada rechazo laboral o cada despedida. La tengo en las palmas de mis manos cuando cuento monedas y en los ojos de mis hijos cuando me demandan alimento. La veo día a día, al despertarme y mirarme en el espejo y en las caras de muchos que observo en la calle.
Pero es mi palabra y por piedad no la delego, no la regalo. Soy su dueño, tengo su propiedad y su autoridad. Se la suelo prestar al jubilado, al cartonero, al desocupado, al villero, al enfermo sin cura u obra social, al linyera, al desespenzado o descorazonado. A veces se la suministro a la madre soltera, a las víctimas de la violencia urbana o a los que no tienen techo. Mucha gente me la pide y se las presto, pero no se las regalo, aunque me sobre y siempre rezo porque me la devuelvan.
A veces me la han robado; la han apropiado los violadores, los corruptos, los chantas, los traidores, los asesinos, los ladrones, los especuladores y los garcas, rebautizándola como MISERIA HUMANA.
Me cobijo en esa palabra. Ella es la que me titula y me resguarda y aunque hay quienes la pasan peor que yo, estoy seguro que no hay virgen, ni fe, ni rezo, ni recomendación, ni caridad suficiente, para borrar de mí semejante mensaje.

1 comentario:

  1. yo me acuerdo la decada que empeze a jugar al futbol en barracas...pero me paso 1 mala gujada que me rompi las rodilla y por miedo no guje mas y desde entonce empeze a ir a verlo todos los sabados o domingo......y yo vivo en san telmo y saben que yo lo sigo a barracas a todos lados....me gustaria que vuelvan los visitantes...y que no haya violencia y cantitos de tribunas...luchemos por eso.....y que vuelval las flia en las canchas de ascenso.....soy el vasco

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